PIEL DE NOCHE

junio 14, 2009 – 10:11 am -

Granada, Nicaragua
Por: Américo Treminio Cantarero

americo-treminioLa noche hurgaba con su boca oscura en sus entrañas, palpaba sus senos rendidos se deslizaba por las ondulaciones de sus cinturas y caderas, invadía sus pupilas falsamente cundidas de brillo, coqueteaba con sus blandas cabelleras sueltas al viento, libres de todo perjuicio, hociqueaba entre sus piernas excitada y devoraba celosa con sus tonos escabrosos, los destellos morbosos de neón que por un momento se habían detenido a contemplarlas, subyugados, nerviosos los halos de luz intermitente perecían en sus rincones sinuosos, triangulo, círculo, cóncavo y convexo resucitaban al reflejarse los miembros que sus faldas demasiado ceñidas revelaban, subastando animadas su piel al mejor postor, con el pudor oculto, y el dolor atragantado en la garganta.

Pasionarias; me decía a mi mismo, musas de poesía olvidada, ocultando su rubor tras la piel cansada, cubiertas con vistosos trajes muñecas de lentejuela irradiando pasiones fingidas en aquella esquina; A mis 15 años yo las miraba me embobaba su encanto, su donaire, todos sus ademanes me hechizaban, las deseaba, mil fantasías rendidas a los pies del deseo me absorbían y de mis manos cálidas hacían los nervios y la contradicción brotar a cántaros el sudor helado y un temblor muy perceptible escalaba mi espinazo, fibra por fibra, vértebra por vértebra, espacio por espacio, hasta culminar en mi cerebro y desatar en mi mente, un tornado incontenible mezcla de pasiones y deseos, de lujuria y desenfreno, de curiosidad y atormentadas mis ilusiones se derrumbaban como las hojas resecas de los árboles; al aire enlutado las arrastraba; yo por momentos alucinaba y concebía que se cumplían mis oscuras pretensiones, hasta que sorpresivamente su mano blanda acarició mi cara que se sonrojó al instante y a la vez me arrebató de mis profundas cavilaciones y con una voz angelical que nunca logré olvidar me dijo: márchate ya, los niños como tú no deben andar por aquí cuando acecha la oscuridad.

No pudo ser…

La noche traga sus abrojos, satisface su apetito de ogro con sus restos, erupta, se revuelve, cae pesadamente sobre la calle interminable su densa oscuridad, vanos reflejos, irreflexivos, insolentes luchan por persistir por un instante, hombres sin nombres, sin rostros desfilan por la calle, atraviesan mil puertas, mil colores tiñen a veces el tono vetusto de sus rostros, mil destellos desprenden sus ojos lujuriosos, las toman con autoridad del brazo, de los hombros, del cabello, de los senos, de las piernas, flotan con ellas, cruzan apresurados el umbral de una puerta, salen por la otra solitarios, airosos, dueños de sí, la noche hambrienta los engulle apresurada, convulsiona acongojada, los vomita, y se lamenta.

Ya han pasado muchos años desde aquella noche, y a veces mientras duermo, entre sueños me sobrecoge su recuerdo, se me erizan los vellos por un instante, mi piel percibe su piel sufrida, su piel vejada, mancillada, su piel mil veces vendida; despierto sobresaltado entre sudores, y me sorprendió nuevamente, después de tanto tiempo, su piel de noche ha vuelto a acariciar mi tez sonrojada.


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