Lo bueno y lo malo del Gobierno orteguista

diciembre 28, 2008 – 8:54 am -

Granada, Nicaragua
Por: Augusto Cermeño

La chispa intermitente de la luciérnaga en la oscuridad hace la diferencia. Nos permite tener esperanzas de que todo puede cambiar y que la luz podría irradiarnos a todos con esperanzas de un prospero porvenir.

El Gobierno del Comandante Daniel Ortega, con muchos desaciertos, tiene algo de bueno: Cuando los nicaragÌenses podemos, de manera temporal, tener la opción de la luz, de la energía eléctrica. Es triste recordar los benditos apagones que sufrimos por más de diez años, antes de llegar Ortega al poder.

El malestar era general, ya que frenaba el quehacer económico productivo, la industria y la agricultura. Muchos se vieron obligados a comprar costosas plantas eléctricas para generar energía propia a un alto costo.

Esa es la más importante obra que se debe reconocer al orteguismo y que se le facilitó por el apoyo del Gobierno del Presidente Hugo Chávez, de Venezuela. Sin ese apoyo de Chávez, podríamos estar ahora pasando las peores dificultades que nos podamos imaginar, tomando en cuenta que este es un país altamente dependiente de los hidrocarburos. El asunto es: ¿hasta cuando se mantendrá ese apoyo venezolano?, ¿cuánto durará esa estabilidad energética?. Mientras tanto debemos mantener las plantas eléctricas listas.

En cuanto a lo malo, debemos destacar el problema de la incipiente democracia, amenazada por un Gobierno que está usando los recursos que tiene en sus manos para crearse una firme base que le permita instalar en Nicaragua una nueva dictadura. No es, necesariamente, una “dictadura del proletariado”, es la dictadura de una familia, algo así como una dinastía, que hace todo lo que esta a su alcance para impedir que la democracia se desarrolle como una opción política de un pueblo ansioso de progreso.

Las señales que ha dado el Presidente Ortega, no son nada halagadoras, cuando manda a reprimir manifestaciones populares de partidos opositores que aspiran a Gobernar Nicaragua, como en toda democracia, independientemente de que sean o no buenos para el país y sus retos.

Es cierto, como muy bien lo dijo recientemente el mismo Presidente Ortega, dirigiéndose al cuerpo policial nicaragÌense, que la Policía no fue usada para reprimir, sino que se usaron organizaciones orteguistas que se lanza con lujo de violencia e impunidad sobre los opositores, en calles, carreteras, caminos casas y sin que nadie los detenga. Se destruye la propiedad privada, la casa y el vehículo, se atenta contra la vida de las personas y quienes deben guardar el orden, guardaron el desorden y la ilegalidad.

Los partidos que apuntaban y daban esperanzas al pueblo de cambiar las cosas, que iban emergiendo con opciones de voto bastante fuerte, fueron eliminados de un plumazo, contando con el apoyo de elementos afines a esos mismos partidos, como es el caso del diputado Javier Vallejo y su propuesta indecorosa contra su mismo partido, el Partido Conservador (PC) y el Movimiento Renovador Sandinista (MRS) al diputado Wilfredo Navarro.

El orteguismo, no solo ha contado con los recursos propios para detener el proceso democrático nicaragÌense, sino que también ha usado y manipulado las ansias de poder de pequeños grupos de ambiciosos y sucios políticos que están esperando el golpe de timón para emerger y asegurar su futuro político en una carrera desenfrenada por obtener cuotas de poder.

El pueblo de Nicaragua y sus intereses, es lo de, menos cuando se conspira para hacerse de un cargo, o asirse a un cargo por largo tiempo. Sobre todo cuando el cargo da muchos privilegios y prebendas.

Esta corruptela política es otro de los males que el orteguismo profundiza, para alcanzar sus fines dictatoriales y conquistar el poder a más largo plazo. Escuché el rumor que la idea es dividir para vencer y que Nicaragua tenga orteguismo para 100 años.

Hay hijos del dictador que esperan turno y no faltaran los sepillos y serviles que los propongan, tarde que temprano, para una candidatura presidencial. Algo similar al somocismo, que se rodeó de sepillos y serviles que al final hasta mancharon sus manos de sangre.


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